Como dice el filósofo al principio de la primera filosofía todos los hombres por naturaleza desean saber. La razón de lo cual puede ser el que toda cosa impulsada por providencia de su propio natural inclínase a su perfección; de aquí que pues la ciencia es la última perfección de nuestra alma y en ella reside nuestra última felicidad todos por naturaleza a desearla estamos sujetos. En verdad muchos están privados de esta nobilísima perfección por diversas causas que dentro del hombre y fuera de él le apartan del hábito de la ciencia. Dentro del hombre puede haber dos defectos o impedimentos: uno por parte del cuerpo; el otro por parte del alma. Por parte del cuerpo lo hay cuando las partes están indebidamente dispuestas así que nada puede percibir como son los sordos mudos y sus semejantes. Por arte del alma lo hay cuando la malicia vence en ella de modo que da en seguir viciosos deleites en los cuales tanto engaño recibe que por ellos tiene por vil toda otra cosa. Fuera del hombre pueden ser asimismo comprendidas dos causas una de las cuales es inductora de necesidad la otra de pereza. La primera son las atenciones familiares y civiles que necesariamente sujetan al mayor número de los hombres de modo que no pueden permanecer en ocio de especulación. La otra es el defecto del lugar donde la persona ha nacido y se ha criado pues a veces estará no solamente privada de todo estudio sino lejos de gente estudiosa.
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