Los rayos de luz al filtrarse en el ramaje de la selva virgen reflejaba lacabaña cual el compendio de un sueño. A la sombra de un cedro avejentadomientras tanto las cuerdas de una guitarra y una voz vibrante arrullaban elalba en su tímido despertar. El rugir de las fieras desapareció de súbito yel guardabarranca guardó sus instrumentos avergonzado ante aquel rústicoconcierto sí pero tan melódico que al rebotar en los peñascos desprendíalágrimas de sus entrañas petrificadas... Era mi padre que enajenado creyóhaber viajado a las estrellas en donde celebraba el final de su proyecto... Suobra maestra había quedado terminada