La nostalgia es una trampa y en ella puede caer cualquier cosa. Empezando por nosotros mismos. Y como buena trampa a cierta distancia parece inofensiva. Francisco García va conduciendo hasta ella todo lo que encuentra: recuerdos infantiles o el miedo como forma de vida. Pero si miramos con atención entenderemos mejor el delicado mecanismo de la trampa. Delicado y omnívoro como el de este libro que incluye lo mismo recuerdos del autor como objetivo ocasional de la no tan secreta policía secreta cubana que su aporte a la felizmente frustrada construcción del Chernóbil caribeño. O Nostalgia batistiana uno de los cuentos más divertidos que haya leído nunca armado con materiales particularmente atroces. Ya lo dije: la nostalgia es una trampa. Y la literatura otra.
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