El camino de descenso a las profundidades de nuestro ser y salida al encuentro de nuestros hermanos es cíclico y a la vez progresivo hasta que veamos a Dios 'cara a cara'. Por esto no hay auténtica mística sin ética ni ética verdadera sin mística ni verdadera religión sin mística ni ética. Y todo esto lo vive la persona santa en el aquí y ahora del presente de Dios. Todo comienza con una decisión la de salir la de ponerse en camino para descubrir nuevos horizontes abrirse a lo provisional y hacerse peregrino.