Este libro no es una historia de superación personal más bien es un modo egoísta de ventilar mis heridas para sacar cualquier vestigio de amargura y dolor que dejaron en mí este periodo de cautiverio. Son una manera de esparcir al viento las cenizas de esa mujer que fui y darle la bienvenida a la mujer que soy ahora. Una mujer con muchos miedos con muchas inseguridades pero con una conciencia diáfana de que no hay imposibles para una mujer que lucha trabaja y ama hasta la última fibra de sus entrañas.Me ovaría cuando escucho a una mujer enjuiciar a otra mujer sin contemplación sin conocer ni una mínima parte su realidad. Si utilizáramos la mitad de esa fuerza que mal gastamos para destruirnos las unas a las otras para apoyarnos podríamos gozar de un mundo más equitativo.La educación es el puente que estrecha el camino que separa a los desposeídos de los que gozan del privilegio de tener control poder dinero u odio. Con la educación alcanzamos cruzar ese puente y ver que hay un mundo lleno de posibilidades de vivir y vivir con dignidad.