Desde el pequeño municipio de Vilaflor atravesando la Cordillera Central hasta las Cañadas del Teide un grupo de jóvenes organizamos una excursión. Cargados con nuestras mochilas y mucha ilusión iniciamos nuestra caminata para ir al encuentro del inescrutable destino. Entonces mi accidente trastocó planes e ilusiones. A ellos les marcó la negativa de unos conocidos a ayudarnos. Después de un largo periodo de tiempo temiendo hablar de ello quiero comunicar la esperanza a todos aquellas personas que por una u otra razón traumática o no están a punto de rendirse. Intento desmitificar el estado de coma y renovar la ilusión que nos persigue durante toda nuestra vida y a la que a veces le cerramos la puerta en lugar de dejarla pasar. La vida se nos regala y nuestra obligación es vivirla.