Casi aprendí a leer en los libros de Gabriel Miró. Aquellos de la venerada Editorial Losada de Buenos Aires que mi padre coleccionaba y cuidaba como un tesoro quizá porque le evocaban como ninguna otra fotografía el paisaje la luz el aire y el silencio de su tierra alicantina. Unas sensaciones que yo también viví reflejadas en mis recuerdos de la infancia...